Los malabares de la vida.

La vida es un circo donde hay que hacer malabares, jugar a la cuerda floja, reírnos como payasos y hasta tragar fuego. La vida es una montaña rusa,  es un manjar de emociones. Y cada emoción hay que vivirla para sentir precisamente eso – que estamos vivos.

Cada instante en la vida es una gran enseñanza ó un gran  recordatorio y es que – nada dura para siempre, ni lo bueno, ni lo malo. Lo digo porque justo ahora me encuentro sentada en una habitación de hotel viendo la nieve caer y no en una habitación de hospital, como pudo ser.

Justo esta segunda semana del año vivimos ese gran recordatorio. El martes por la noche estábamos ahí, en una cama de hospital con Baby Ruh porque la temperatura le subió a 39.5 grados y sin síntomas aparentes. Bienvenidos al mundo de la influenza decían. Sí, esa enfermedad tan estigmatizada nos alcanzaba. Recuerdo perfectamente que ese día sentí el hoyo más grande en mi estomago, en años.

Por suerte y porque el universo puso a una gran pediatra en nuestro camino, es que aún con influenza, pudimos bailar bajo la lluvia y no bajo una gran tormenta.

Ahora baby Ruh está muy bien cual guerrera. En realidad de no ser por la fiebre, nunca tuvo síntomas. Ni dolor, ni molestias, ni mocos, ni tos, nada, sólo fiebre.

Gracias a la vida por permitirme saborear y malabarear estas emociones. Emociones que me hacen sentir viva y que me recuerdan que nunca debo dudar de mi intuición de madre. Emociones que me recuerdan que nada es para siempre.

Nos leemos pronto para compartirles algunas fotos de nuestro viaje de dos… Linda noche

#canadalovers

 

 

 

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