Lo que nadie dice de la maternidad.

I. El inicio…

Bien es cierto que la maternidad es maravillosa de principio a fin, el saber que una nueva vida crece dentro de ti y el poder sentir la alegría de otro corazón latiendo al unísono, es algo único e irremplazable, sin embargo, la maternidad va más allá.

La maternidad también es incertidumbre, nostalgia, malestares físicos y emocionales, ansiedad, desesperación, angustia, llanto, dolor, confusión y un montón de emociones más, y no precisamente todas bonitas.

Por eso hablemos del otro lado de la maternidad, de lo que nadie dice , de lo que nadie habla y que una gran mayoría a solas enfrenta. Hablemos de ese lado que inicia justo antes del embarazo.

Pero ojo, este es mi lado B y no quiere decir que sea el tuyo, ni que se sienta así todo del tiempo pero podrías sentirte identificado…

Una vez que decidimos ser padres todo se planea y se sueña como algo muy especial, y comenzamos a vivir lo que yo llamo » la maternidad romántica», esa en la que todo se siente como un hermoso sueño. Comenzamos a vivir emociones de felicidad, curiosidad y sobre todo emoción por conocer y adentrarnos al mundo de la paternidad; en ese punto todo lo concebimos como algo muy bello, de echo, pensamos en la clase de padres que queremos ser y señalamos la clase de padres que jamás seremos, pero ¡qué va!… Ahí, justo ahí, es cuando el universo se ríe de nosotros y nos coge por sorpresa.

Entonces llega el embarazo, trayendo consigo una montaña rusa de emociones en donde empezamos a vivir en carne propia la realidad de ser futuros padres, momento en el que sentimos que la alegría permanece pero la armonía se transforma.

Para la mujer se transforma en náuseas, mareos, dolores de cabeza, en un estado de completa despersonalización en donde nuestro cuerpo, mente y emociones no las sentimos nuestras, volviéndose todo un tanto confuso e incontrolable. Para la contraparte, se transforma en tratar de lidiar de la mejor manera con una mujer llena de emociones, hormonas, altos y bajos, y sobre todo se transforma en un momento de mucha responsabilidad.

Y es ahí en donde empezamos a sentir y vivir la verdadera realidad, la cual conecta con la ansiedad de saber si todo saldrá bien, si todo funcionará como lo planeamos, si fue el momento justo y sobre todo dudamos si de verdad estamos preparados para ser padres… continuará

Parte II. ¿Estamos preparados para ser padres?

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