Categoría: en pareja

Mi pandemia – Relaciones de pareja.

Capítulo 3

Sin duda este tema está cañón. Los primeros días de la pandemia para mi fueron super fuertes al igual que para la mayoría de ustedes; entre haber perdido los horarios para despertar y dormir a los niños, el home office súper extendido y después las clases en línea, bueno, fue súper caótico.

Y todos esos cambios que no teníamos programados, previstos, visualizados, por supuesto, que alteraron nuestra relación como pareja, y al principio fue para mal. Teníamos días malos, otros más malos y otros super malos, se los juro, no había día que no nos agarráramos del chongo. A veces o la mayoría de las veces por las cosas más insignificantes.

Las primeras semanas de la pandemia y me atrevo a decir «varias semanas» fueron así, parecía que vivíamos en un campo de batalla, intentando cada uno tener la razón a como diera lugar. Fueron días de mucha tensión, mucho estrés, enfados, dolores de cabeza, dudas de saber si «éramos la otra mitad de la naranja o no » ; válgame dios, después de 10 años teníamos estos pensamientos tan absurdos, que aparte, eran infundados porque no era que no nos amaramos o que no nos deseáramos, era simplemente que teníamos chingos de estrés y la dinámica familiar había cambiado tanto, que sólo nos teníamos el uno para el otro para desahogarnos y descargar todo eso que nos molestaba; malamente o buenamente , no lo sé, pero sólo estaba él para escuchar mis reclamos y sólo estaba yo, para escuchar los suyos.

Y fue ahí en donde nos dimos cuenta que sólo nos teníamos el uno al otro para sacar a tres niños y dos perros lo mejor librados posible de esta pandemia o para despedazarlos y despedazarnos.

Entonces, entendimos y aceptamos que la situación ya era cabrona por sí misma y debíamos decidir que más difícil la queríamos o qué cambios debíamos hacer para al menos, en un principio, sobrellevarla.

La verdad es que no teníamos ni puta idea por dónde empezar, seguro les paso lo mismo, no sabíamos con que lidiar primero, si con las tareas de la casa, horarios, trabajo, lo único que estábamos seguros es que nuestros hijos y nuestros perros eran tan prioritarios como nuestra relación.

Sabíamos que teníamos que empezar a cuidar, atesorar, procurar y romantizar nuestra relación tanto como fuera posible, porque lejos de acabar en divorcio que es totalmente aceptable, podríamos acabar odiándonos y es algo que no queríamos permitirnos.

Así que después de una fuerte discusión, en la que en realidad me estaba peleando conmigo misma porque Klaus es muy mesurado… ¿les ha pasado que discuten con su esposo y parece que discuten con la pared?, bueno, esa fue una de ese tipo, en donde la loca, histérica y gritona era yo.

Pero bueno, después de esa discusión nos terminó de caer el veinte, y lejos de haberme ignorado, escuchó mis exigencias, a su manera, claro está, pero bueno, lo hizo. Y yo escuché las suyas, pero sobre todo, ambos pusimos atención en nuestros sentimientos y necesidades amorosas reales. Y de a poco los siguientes días fuimos cambiando nuestra actitud, nuestra forma de recibir las palabras del otro, practicamos mucho nuestra paciencia y nos apapachamos más.

Claro que todas esas actitudes no fueron de forma natural, no fue que un día nos despertamos y éramos los esposos más amorosos y empáticos, por supuesto que no, y no se casen con esa idea porque no es real. Tuvimos que practicar, reconfigurar nuestras necesidades, practicar y practicar, reeducarnos, reaprender el ser empáticos, establecer horarios en dónde únicamente fuésemos él y yo y hasta poner en práctica cosas diferentes en nuestra vida sexual, en pocas palabras tuvimos que reaprender a amarnos y valoramos. Y aunque el amor es algo natural, también es cierto que es algo que necesita alimento día con día y muchas veces lo olvidamos y damos todo por hecho.

Así que después de ese tiempo pandémico catártico, les puedo decir que crecimos exponencialmente como pareja, ahora nos sentimos mucho más completos, más enamorados, amorosos, empáticos, mesurados, pacientes, vigorizados, alegres y sobre todo en paz. Obviamente no es que 24/7 estemos derrochando miel, por supuesto que seguimos teniendo pequeños desacuerdos, pero nada que nos lleve a un colapso emocional. Tenemos claro que la felicidad en el amor no es plana, no es permanente, pero si debe fluctuar puntos arriba puntos abajo, tratando de ser constante.

Cada pareja tiene sus propias piedritas en el camino, lo importante es reconocerlas y recogerlas juntos para permitirnos vivir más ligeros y en paz. Y dejemos de casarnos con esas ideas irreales de redes sociales, en donde todo parece perfecto e idílico, eso no existe, somos humanos y como humanos nos equivocamos, pero podemos aceptar, trabajar, transformar y a nuestra forma disfrutar nuestra relación en pareja plenamente.

Recuerden que mis necesidades no son sus necesidades y viceversa.
Fortalezcan su relación amorosa porque al final de los días tenemos muy pocas personas incondicionales en la vida y hay que cuidarlas, apapacharlas y amarlas. Aprendamos a escuchar y ser escuchados, la contraparte no lee la mente, crezcamos y actuemos como adultos, compartamos nuestras inquietudes con la mejor intención e intentando transmitirlas como nos gustaría que nos fueran transmitidas, no anden por la vida con la vara desenvainada, al final consume.  Y si después de todo ese trabajo, las cosas ya no fluyen, también se vale retirarse con tranquilidad, respeto y en busca de nuevos caminos, pero nunca sin antes haberlo «de verdad» intentado.

Les mando un fuerte abrazo, con amor, Vanessa.