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Me harté de mis amigas. Y me perdí.

Llevo días queriendo escribir sobre esto, y es que, tal cual, me harté de mis amigas y con ello se fue una parte de mi.

Me harté de las pláticas eternas por whatsapp. Me harté de las horas tratando de buscar una fecha para coincidir y al final cancelar.

Me harté de los no puedo y de los tengo. Tengo trabajo, tengo médico, tengo un cumpleaños, tengo, tengo, tengo.

Me harté de ser la que busca y nunca encuentra. De ser la que es capaz de aplazar cualquier cosa o apurarme a hacerla con tal de verlas.

Me harté de sus justificaciones sin fundamentos y de su desenfado para cancelar o simplemente no llegar.

Me harté de sus múltiples ocupaciones en donde me hacían sentir que sólo donde llegaba a sobrar una hora, entraba yo.

Me harté de sentirme paciente en lista de espera y no en una amistad.

Me harté de invitar y organizar aún sin importar que al final del día quedara una lista interminable de cosas por limpiar.

Me harté de ellas.

Y sí. Dejé de buscarlas, de escribirles, de organizar parrilladas y de pensar en ellas.

Pero me perdí.

Perdí esa parte de mi a la que gusta recibir personas en casa, planear el menú y salir de compras para que nada haga falta.

Lo importante era estar con ellas.

Perdí mi yo creativo, perdí un espacio de amigas, de mujeres, de chistes, de bromas, de jolgorio y algarabía.

Me sentí sola y frustrada. No sabía si el problema era yo o eran ellas, ó si efectivamente a mi edad deberían de importar miles de cosas más antes que reunirme con ellas.

Paso el tiempo y después de miles de pensamientos, llegué a la conclusión que el problema no eran ellas. El problema era yo. Estaba buscando donde no era.

Hay veces en que los tiempos y las circunstancias nos apartan de lo que siempre hemos creído tener o de donde creíamos pertenecer. Y no es que no exista amistad, respeto y cariño. Simplemente el universo nos cambia de camino y puede ser que momentánea o definitivamente nos aleje porque ya hemos cumplido nuestro cometido.

Pero  no nos asustemos, todos los caminos siempre se pueden reencontrar y se pueden volver a disfrutar… o  se puede sonreír y recordar.

Así que deje de hartarme de ellas.

Siempre hay que recordar lo que nos hace feliz, lo que somos, lo que disfrutamos, y buscarlo.

No siempre se encuentran las cosas en donde solíamos hallarlas pero seguro encontraremos algo o alguien con quién también disfrutemos, emprendamos y aprendamos un nuevo camino.

La foto de este post es con mi amiga C. Salimos a comer, después nos descalzamos, nos tiramos en el sofá y volvimos a comer.

PD. Sin importar nada, saben que siempre estaré. #lovemyfriends

Bonito viernes.

Un balde de agua fría

Mi suegrito bello en el cumpleaños no.1. de Alcachofa

Me cayó como un balde de agua fría. Yo estaba ahí,  lavando las mamilas de Pia, disponiendo a descansar, cuando de pronto, me asomo por la ventana y Mr. Husband me dice – ¿Quiéres una mala noticia?, oséa ¿quién jodidos va a querer una mala noticia?, pero bueno.  Mi cabeza empezó a revolucionar a 100o por hora, y de todo lo que pensé, nada fue. Su noticia no sólo era mala, era triste e impotente.

Por primera vez en ocho años y cacho de casados, la distancia nos había encontrado para darnos una lección. Sí, mi suegro está hospitalizado.

Jamás pensé que ese viejito divino, lleno de amor y bondad me iba hacer sentir ese hueco tan grande en el estómago y en el corazón. Jamás pensé que iba a estar enojada con él porque no es posible que se enferme cuando nosotros no estamos. Jamás pensé que iba a sentir ese enorme balde de agua fría caer sobre mi cuerpo, mente y alma.

La distancia no perdona, la distancia puede ser una gran aliada o una gran abonera- esa que llega y toca para causar molestias.

Después de recibir la mala noticia, me quede pasmada, lo único que pensé y pude decir fue – busca vuelos… Pero ahí de nuevo, nos alcanzo la diferencia cultural, Mr. Husband con sus ojos cristalinos sólo contestó- mañana volveré a llamar.

Simple y sencillamente no es como yo reaccionaría. Yo correría a mi compu a comprar el vuelo más inmediato, pero claro, yo soy una mexicana intensa, un poco mucho exagerada y a veces loca.

Pero, el que yo corra al ordenador y él no, no me hace una mejor hija, ni a él un peor hijo, simplemente, la diferencia cultural hoy nos alcanzó…

Mi corazón desea que mi viejito hermoso se recupere pronto. Él procreo al hombre que me hace feliz, al padre de mis hijas, pero sobre todo, él es un hombre noble, amoroso, integro, gran amigo, gran compañero de juerga, protector, defensor de las buenas causas y las buenas personas, un gran esposo y un adorable abuelo.

Como siempre lo he dicho, la vida es la ruleta de las emociones pero todas son buenas, hasta las que creemos malas, porque de esas, de las malas, son de las que más aprendemos, las que más nos enseñan a valorar y las que más nos hacen sentir. La tarde de hoy me dejó dos lecciones:

  • 1.- Cada cultura es un mundo, y no hay uno mejor o uno peor, sólo hay diferentes mundos.
  • 2.- La distancia puede ser una gran aliada o una verdadera patada en los ovarios.

Pasen una linda noche y disfruten de los que tienen cerca y nunca se olviden de los que tienen lejos. Besos…